Cuando tragar puede ser un riesgo - hablemos de la DISFAGIA
diciembre 12, 2025
Buenos Aires – 12 diciembre
2025 - La disfagia es
la dificultad para deglutir: puede presentarse al intentar ingerir sólidos,
semisólidos o líquidos. La falla puede ocurrir en la fase inicial
(boca/garganta) — lo que se conoce como disfagia
orofaríngea — o en el tránsito hacia el estómago — disfagia esofágica.
A nivel mundial, se
estima que la incidencia de disfagia aumenta con la edad: en adultos mayores,
hasta un 15-22 % puede presentar algún grado de dificultad al deglutir. (Nota: valores estimativos — varían
según estudios.) En personas con enfermedades neurológicas —
como ACV o Parkinson — más del 50 % pueden desarrollar disfagia en algún
momento.
En Argentina, aunque no
existen cifras nacionales actualizadas abarcativas, estudios clínicos muestran
que pacientes post-ACV y adultos mayores ingresados en hospitales tienen una
prevalencia de disfagia que ronda entre el 30 y 40 %. En población infantil de
riesgo (prematuros o con trastornos neurológicos), la detección temprana y la
intervención fonoaudiológica reducen significativamente complicaciones como
desnutrición o neumonías por aspiración.
El Dr. Roberto
Goldsztein, otorrinolaringólogo de DIM Centros de Salud (MN 35691 – MP 24273)
explica: “Cuando el impedimento ocurre en la primera etapa de la deglución está
causada por problemas en la boca, la garganta o los nervios. En cambio, si la
dificultad aparece en el tránsito hacia el estómago, se trata de disfagia
esofágica”. Vemos muchos casos de origen neurológico —ACV, Parkinson,
Alzheimer—, pero también musculares, como Miastenia Gravis o Esclerosis
Múltiple. Y no debemos olvidar las causas estructurales, como las estenosis o los
tumores”.
En cuanto a los
síntomas, el especialista indica que “la persona puede sentir que la comida
‘queda retenida’, presentar dolor al tragar, toser al ingerir líquidos o
sólidos o sufrir episodios de ahogo. Estos son signos que nunca deben subestimarse”.
Respecto al diagnóstico, remarca que los
estudios son clave: “El diagnóstico siempre empieza con una consulta médica. A
partir de ahí se indica lo necesario: estudios por imágenes, endoscopia o
videofluoroscopía, según el caso. El tratamiento depende completamente de la
causa: puede ser rehabilitación, medicación o incluso cirugía”.
Por su parte, la Lic.
Karina Gabriela Joandet, fonoaudióloga (MN 5347 – MP 1142) de DIM argumenta:
“identificar la disfagia temprano cambia el futuro del paciente, especialmente
en niños y adultos mayores”. La profesional coincide en la detección precoz, ya
que “evita complicaciones nutricionales y respiratorias que pueden comprometer
seriamente el estado clínico del paciente. Esto vale para lactantes, niños y
adultos”.
Respecto al trabajo
fonoaudiológico, describe un abordaje integral: “Nuestra evaluación incluye
observar directamente la alimentación, la postura, el control motor y el estado
de conciencia. También analizamos morfología, motilidad y sensibilidad de estructuras
orales, linguales, mandibulares y faciales, además de evaluar funciones como la
succión, la deglución y la respiración”.
Sobre las causas más
frecuentes que llegan al consultorio, coincide con el otorrinolaringólogo: “La
mayoría de los casos están vinculados a secuelas de ACV o enfermedades
neurodegenerativas. En niños, vemos bebés prematuros que requieren estimulación
de la deglución o pacientes con lesiones neurológicas”.
Joandet describe además las señales de alerta que
ameritan consulta inmediata:
- Tos o carraspeo al
comer, fatiga durante la ingesta, babeo, hipo recurrente, regurgitación,
aspiraciones y hasta infecciones respiratorias repetidas.
En cuanto a los estudios
diagnósticos, refuerza la necesidad de un abordaje interdisciplinario: “La
videofluoroscopía es fundamental para ver la dinámica del tragar y detectar
aspiraciones. También utilizamos fibroscopía y phmetría. El diagnóstico no es
de un solo profesional: intervienen otorrinolaringología, gastroenterología,
neurología, neumonología, nutrición y kinesiología”.
Finalmente, subraya un
aspecto humano esencial: “La alimentación es mucho más que nutrición. Es
comunicación, emoción y vínculo. Un trastorno de la deglución impacta en todas
esas dimensiones”.
El valor humano de
“escuchar al cuerpo”: Comer no es sólo nutrirse. El acto de comer más que una
función corporal, entra en el círculo de la vida emocional. Así, trastornos de
deglución pueden afectar el vínculo con la comida, la autoestima, la socialización
y el desarrollo global del individuo.
Por Oficina de Prensa

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